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Penas de adultos para quienes matan como adultos, qué hacer con la creciente delincuencia juvenil?

Senador Arturo Yepes. Senador Arturo Yepes.

“Es pan de cada día escuchar por los medios de comunicación las noticias de jóvenes sicarios, ladrones, violadores y narcotraficantes” Senador Arturo Yepes.(Partido Conservador).

Bogotá D.C., Enero 3 de 2014. Este dramático fenómeno parece ir en aumento. La indignación y la impotencia de la ciudadanía aumentan ante el trato especial y garantista con los jóvenes quienes, actuando en plena conciencia, no tuvieron ni una mínima consideración humanitaria con sus víctimas, cuyas vidas fueron arrebatadas por un celular, una chaqueta  o un par de zapatos deportivos.

Nadie negará, primero, que los adolescentes de hoy poseen mayor precocidad y desarrollo mental que los de un par de generaciones atrás y, segundo, que la ley penal debe ajustarse a los nuevos hechos sociales y psicológicos. Hoy en día menores de edad delinquen bajo el amparo de un derecho anacrónico, fundado en una concepción de la psicología adolescente que pudo ser válida décadas atrás. La ley penal actual no los cobija y, más aún, no existe proporcionalidad entre los delitos cometidos por jóvenes y la sanción penal, la cual, a su vez, debe tener como objetivo primario la prevención y no el amparo de actos delictivos juveniles. Más aun, las bandas criminales se aprovechan de esta situación y entrenan a jóvenes para cometer delitos contra los bienes más preciados de la sociedad, como la vida y la integridad personal de sus miembros.

La criminalidad organizada crece con la impunidad que favorece a los menores infractores. Por esta dolorosa realidad, bien conocida por las autoridades y denunciada por los medios, en Colombia debemos repensar el sistema penal juvenil. Nuestro Código de la Infancia y la Adolescencia se caracteriza por su ingenuidad e idealismo en la comprensión de la naturaleza humana, y por su lenidad penal. En agosto de 2011 uno de los blogguistas de El Tiempo titulaba una columna en este sentido: “Adultos para delinquir y menores para ser castigados”.

 Unas leyes inoperantes en la prevención y castigo de los delitos, especialmente aquellos contra la integridad personal, destruyen la fe ciudadana en la justicia y motivan a las buenas gentes a tomar la justicia en sus manos. Debemos afrontar con sensatez y realismo la complacencia que el sistema penal actual les otorga a los delincuentes menores de edad. Se debe por tanto revisar el tratamiento penal a los delincuentes entre los 14 y los 18 años.

Una de las políticas existentes que puede considerarse en Colombia, como alternativa para contribuir a la solución de problema de la criminalidad juvenil y su reincidencia, es la que se aplica en Estados Unidos desde hace años y con buenos resultados. Los menores delincuentes responden no por lo que dice la cédula respecto de su edad, sino por la valoración de su madurez psicológica y el grado de conocimiento que se pueda certificar acerca de las consecuencias de las conductas delictivas cometidas. Si una persona de cualquier edad es capaz física y mentalmente de emplear un objeto para cometer un delito intencional, igualmente será responsable del mismo y asumir las consecuencias. De lo contrario, destruiríamos el mismo tejido social al amparar con leyes penales nimias los delitos.

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Ultima modificación: Viernes 03 de Enero de 2014 09:18

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