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Luz verde al diálogo para la paz

  • por  S. Gloria Inés Ramírez
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Senadora Gloria Inés Ramírez Senadora Gloria Inés Ramírez

"El diálogo para la paz que está próximo a iniciarse es el resultado de innumerables esfuerzos y sacrificios, en busca de la salida negociada al conflicto": senadora Gloria Inés Ramírez (PDA).

Bogotá, D.C., septiembre 5 de 2012 (Columna senadora Gloria Inés Ramírez).- "El 4 de septiembre de 2012, el Presidente de la República, Juan Manuel Santos, anunció públicamente que el diálogo exploratorio adelantado durante seis meses en la ciudad de La Habana (Cuba) entre representantes del gobierno nacional y de las FARC-EP, culminó con la firma del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

En el Acuerdo se consigna "la decisión mutua de poner fin al conflicto como condición esencial para la construcción de la paz estable y duradera" y de iniciar conversaciones directas e ininterrumpidas sobre los puntos de la Agenda, para lo cual se instalará públicamente en Oslo, Noruega, la Mesa de Conversaciones dentro de los primeros 15 días del mes de octubre de 2012, y cuya sede principal será La Habana, Cuba.

La Agenda acordada contempla seis puntos: 1. Política de desarrollo agrario integral, 2. Participación política, 3. Fin del conflicto, 4. Solución al problema de las drogas ilícitas, 5. Víctimas, 6. Implementación, verificación y refrendación.

Cada uno de los puntos incluye diversos temas estrechamente relacionados con el origen, desarrollo y terminación del conflicto, cuya solución es la base para la construcción de la paz con democracia y justicia social.

Con posterioridad a la alocución del Presidente de la República, desde la ciudad de La Habana fue transmitida en un video la vehemente intervención del Comandante de las FARC, Timoleón Jiménez, en la que afirmó que "volvemos ahora a una mesa de negociación, reconocidos como iguales, como combatientes militares, reconocidos políticamente y protegidos por los que tanto nos han perseguido".

Destacó, entre otras consideraciones que a las conversaciones se llega gracias a "la permanente movilización social en Colombia", que "la llave de la paz no reposa en el bolsillo del Presidente ni en el del Comandante de las FARC, sino en el pueblo", y que la ampliación de la democracia es indispensable para alcanzar la paz. Llamó al pueblo a movilizarse para rodear el diálogo y terminó diciendo que "Extendemos nuestras manos abiertas, en procura de reconciliación. Otra Colombia es posible".

El anuncio de la apertura del diálogo para la paz ha sido recibido con alborozo por la gran mayoría de la población y cuenta con el más amplio apoyo de la comunidad internacional. El Presidente Santos ha dicho que Cuba y Noruega seguirán actuando como anfitriones y garantes en la segunda fase, y que Venezuela y Chile estarán como acompañantes del proceso.

Como era de esperarse, también han aparecido en escena los guerreristas irreductibles, cuya única alternativa es la paz de los sepulcros. Tal es el caso de ACORE, que ha hecho público un comunicado provocador en el que plantea condiciones tan desproporcionadas para el diálogo, que supondrían la previa rendición de la guerrilla. En el mismo sentido se ha pronunciado el Ex presidente Uribe, quien ha afirmado que la negociación es "una cachetada a la democracia".

Lo que hay en el fondo es el afán de preservar los privilegios desmedidos que una casta militarista ha acumulado en el curso del conflicto y evadir su responsabilidad en múltiples violaciones al Derecho Internacional Humanitario, con la idea de que debe haber máximas condenas para los guerrilleros e impunidad para los crímenes del militarismo. En cuanto a Uribe, es evidente que su carrera política ha dependido enteramente de la guerra y por eso ve con pavor que un acuerdo de paz lo saque definitivamente del escenario político.

Una de las principales objeciones de los sectores guerristas es que no se le haya impuesto a la guerrilla un cese unilateral al fuego como condición para iniciar el diálogo. Al respecto, experiencias de negociaciones anteriores enseñan que la negociación en medio del conflicto está expuesta a múltiples riesgos. Por ello, les proponemos a las partes examinar la posibilidad de un cese al fuego, pero bilateral, por la razón elemental de que si sólo lo hace la guerrilla, mientras la fuerza pública continúa su ofensiva militar, el cese al fuego estará condenado al fracaso, con graves repercusiones para las conversaciones.

El diálogo para la paz que está próximo a iniciarse es el resultado de innumerables esfuerzos y sacrificios de millones de colombianos que durante largos años han luchado por la salida negociada al conflicto.

Sus resultados dependen en buena medida de la decisión de las partes que concurren a la Mesa de Conversaciones, pero, fundamentalmente, de la capacidad que demuestren los sectores democráticos y progresistas y el movimiento popular para participar en el proceso, hacer propuestas sobre los puntos de la agenda y movilizarse para cerrarle el paso a los enemigos de la paz y hacer posible que las conversaciones culminen en un pacto que signifique paz con democracia y justicia social, con soberanía nacional, con verdad, justicia y reparación para las víctimas, que construya las bases de un futuro mejor para todas y todos los colombianos".

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Ultima modificación: Lunes 17 de Septiembre de 2012 16:50

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