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Votación pública: Intimidación Vs. Legitimación

Carlos Baena Carlos Baena

"El voto público no es un instrumento de intimidación, sino de legitimación y confianza del Congreso": senador Carlos Baena (MIRA)

Bogotá, D.C., septiembre 5 de 2012 (Columna senador Carlos Baena).- Hace varias semanas vienen saltando a la vista problemas de procedimiento en la votación de senadores y representantes. La reforma a la justicia, la elección del Secretario del Congreso y la de un Magistrado de la Corte Constitucional, son decisiones que el legislativo colombiano tomó recientemente y en las que las divergencias fueron protuberantes.

En el caso de las elecciones, los congresistas nos vimos comprometidos en una discusión acerca de si la votación debía ser pública o secreta. Sin dudarlo, consideramos que la responsabilidad política con los ciudadanos requería una votación nominal y abierta al escrutinio de la opinión.

Para ratificar la escogencia por una elección a la luz, hace unos días presentamos un proyecto de ley que dispone que todas las decisiones del Congreso sean públicas. Las razones son claras.

La decisión de un representante debe ser visible a su representado, transparente, y eso es imposible cuando sus determinaciones son ocultas, aunque así las autorice la ley. El miembro de una Corporación asume el deber de rendir cuentas, pero no solo en momentos o eventos especiales.

Es propio de la democracia que los elegidos rindan cuentas día a día de su ejercicio y ningún mecanismo tan apropiado para hacerlo como la votación pública, pues así el elector conoce la posición de quienes asumen su vocería en las curules.

El voto público no es un instrumento de intimidación, sino de legitimación y confianza del Congreso y en el Congreso.

Adicionalmente simplifica los procedimientos, ayuda a evidenciar la consistencia de las bancadas y a mejorar las argumentaciones de los miembros del legislativo.

El voto secreto se justifica por razones lejanas a la realidad del Congreso. Es normal y hasta necesario que un ciudadano vote en secreto cuando va a escoger a sus representantes, pues como individuo, generalmente, se encuentra en condiciones de debilidad frente a instituciones que podrían limitar su libertad.

El ciudadano toma su decisión, apreciando lo necesario y conveniente para su sociedad y requiere que no haya ninguna presión que le atemorice o le impida optar con independencia. Distinto es el voto en el Congreso, porque allí el Senador o Representante se debe a sus electores, a sus bancadas, a sus partidos y a la sociedad. De allí que el voto secreto antes que amparar a un representante lo expone a perder credibilidad.

Una ley que obligue a la votación pública del congresista, de forma que todos conozcan su actuar, confirma el carácter del miembro de la corporación y su identidad como político, es decir como persona dedicada a los asuntos de interés común. En otras palabras, para quienes se dedican a la gestión del Estado, el voto público está lejos de ser lejos un instrumento de intimidación y se constituye en una auténtica herramienta de legitimación.

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Ultima modificación: Lunes 17 de Septiembre de 2012 16:50

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